Los veo jugar al pin-pon, salen a la amplia terraza de la que disfrutan los primeros pisos de l’Eixample, salen a solearse, a estirar las piernas y aprovechan para mover el esqueleto dándole al tenis de mesa. Los miro con ternura, son un equipo, o al menos un grupo de empleados de alguna pequeña empresa, que no es exactamente lo mismo. Trabajar en una empresa, llegar al trabajo cada día a la misma hora, compartir objetivos y miedos ¡la crisis ha dejado tantos cadáveres por el camino, tantos proyectos empresariales, tantas ilusiones! Desde la ventana de la cocina, libro mi peculiar guerra contra los pelos de Wapa. Wapa es mi gata, un encanto de amiga, pero cada año cuando llega la primavera siembra cada rincón de nuestra casa con borra suficiente para rellenar una docena de cojines. Así que ahí estoy yo, cepillo en ristre tratando de no levantar nubecillas de pelillos que desafían la ley de la gravedad y se quedan largo rato en suspensión hasta engancharse de nuevo, con perfidia, en el lugar más insospechado. Los miro: ríen, juegan, alguno fuma un cigarrillo y al rato, se acabó el recreo, regresan al interior, cerrando tras ellos las enormes puertas balconeras ojivales de lustrosos vidrios que reflejan el sol de esa hora del día.

Hay tantas cosas a las que una va renunciando al envejecer, tantas cosas que decidimos que ya no son apropiadas para nuestra edad, que la mengua de nuestra fuerza física no nos permite continuar, que bien vale la pena deleitarse con las pequeñas conquistas diarias. Soy una mujer mayor, he dejado de cabalgar a pelo sobre mi appaloosa sintiéndome una princesa india que ensaya su grito más salvaje; ayer devolví a la dependienta varias prendas que en la mano lucían hermosas y que sin embargo ya no me favorecían. Seguro que todas y todos podríamos hacer una larga lista con las cosas que “ya no” podemos hacer. Mi propuesta sin embargo es tomar conciencia del terreno que ganamos con los años. En mi caso por ejemplo, al ser una escritora, formadora y terapeuta independiente, diseño cada día mi día con el horario que más me conviene: espacios para arreglarme, para organizar mis tareas, para hablar con mis pacientes, socios, proveedores, clientes, para tomar una taza de café, para ver mi serie favorita, para sentarme al ordenador y pensar en ti, para sentarme frente al espacio y no pensar.

Atesora cada instante de tu nueva vida, cada cambio que quieras introducir, cuídate y verás cómo disfrutas de la madurez con una nueva perspectiva. Durante unos años navegaremos entre dos aguas, atractivas y sexualmente activas a veces tendremos la impresión de que burlamos al tiempo, otras,  aquel dolorcillo en la espalda me recordará que he de utilizar la silla de montar so pena de agravar una vieja lesión de cuando caerse del caballo no tenía más importancia que el trompazo de un crío en su triciclo que reclama mercromina para un raspón en la rodilla.

Cuídate, siéntete feliz con lo que tienes, con el amor que recibes, con lo que haces, imagina que eres una abuelita que ha de explicar a su descendencia como han sido las diferentes etapas de su vida, contémplalas con desapego teñido de curiosidad… ¿cómo seré dentro de diez años? Voy a hacer todo lo que esté en mis manos para llegar ahí con salud y vitalidad, pero ya desde ahora acepto y agradezco la oportunidad de contar que he llegado hasta aquí.

Antiaging Natural es más que una actitud, mucho más que nutrientes para alimentar cada parte de nuestro organismo, Antiaging Natural es sobre todo una filosofía de vida.

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