Nuestra paz interior: uno de los secretos del HAPPY AGING

Por qué la paz interior es imprescindible para una vida plena, feliz y longeva

Por Victoria Baras

A medida que nos hacemos mayores, nuestras prioridades van cambiando al mismo ritmo en que se modifican los niveles de las diferentes hormonas. Seguimos persiguiendo la felicidad, pero ya nos conocemos mejor y sabemos lo que nos acerca a
ella. En este sentido, las relaciones de pareja siempre han estado consideras una pieza clave de esa Felicidad con mayúsculas. Menos conocido es el sentimiento del que quiero hablarte hoy, un sentimiento sin el cual la felicidad en la madurez es
incompleta: la paz.

Cuando somos jóvenes quizás resulte excitante una relación en la que un día nuestra pareja nos envía doce emoticonos que nos hacen sentir deseadas seguido de dos días en el que está ausente o se deja un gran vacío entre el mensaje de buenos
días y el de buenas noches; ese no saber por dónde saldrá el sol confiere a la relación un aura de misterio y de espontaneidad al que podemos hacernos adictas. Es importante darse cuenta, reconocer, que esa adición a la adrenalina nace de la
dinámica misma, no de lo que sentimos por nuestra pareja. Y decidir si ese vaivén emocional realmente nos hace bien o hemos caído en una dependencia insana.

Hay momentos en la vida en los que la adrenalina y el cortisol, las hormonas del estrés, son necesarias: necesitamos cierta dosis de estrés sano para sacar adelante un proyecto, cumplir un objetivo que exige todo nuestro esfuerzo. Con el tiempo,
comprendemos que esa intensidad en una relación como la que describo más arriba, no es amor. Y descubrimos que existe un bien irrenunciable que es la paz.

Nuestra paz interior: uno de los secretos del HAPPY AGING

¿Cómo reconocemos la paz?

Nuestro cerebro funciona a través de circuitos neuronales mediados por neurotransmisores. El circuito colinérgico nos ayuda a estar enfocadas, lúcidas, con buena memoria y capacidad de aprendizaje. Cada vez que lo activamos al aprender algo nuevo, ese circuito se graba como un microsurco en un vinilo. Al repetir una y otra vez la misma acción, por ejemplo tocar el piano, ponerse a escribir, dar una conferencia, ese circuito se refuerza adquiriendo soltura primero y maestría después.

El circuito serotoninérgico está ligado a la serenidad. Cuando estamos en calma, nuestro cerebro —y sobre todo nuestro intestino— producen serotonina y podemos analizar las cosas y las circunstancias con perspectiva y calma mental.

Al unir concentración y serenidad, podemos activar otro circuito, el dopaminérgico, cuyo neurotransmisor, la dopamina, produce un sentido de gratificación. Imagina la satisfacción de abordar cualquier tarea o situación con atención y la intención de hacerlo bien, entonces aparece la recompensa, la gratificación profunda, la sensación de que lo que hacemos tiene valor. Y nos sentimos bien, alineadas, en paz con el mundo y con nosotras mismas.

El propósito en lo cotidiano

El propósito no siempre está en lo extraordinario, si no en los gestos sencillos de la cotidianeidad. Lo único que cambia es la conciencia. Cuando hagamos lo que hagamos lo  hacemos de forma consciente, no automática, surge una sensación profunda de coherencia: esto me llena, esto tiene sentido. Sentimos que estamos donde queremos estar, haciendo lo que deseamos, en el momento oportuno.

Ese estado genera un auténtico baño de neurotransmisores positivos: serotonina, dopamina y colina. Cuanto más lo repetimos, más profundos se vuelven esos circuitos neuronales. Y entonces aparece algo maravilloso: el gozo interior, la paz.

Paz, felicidad y longevidad

Cuando puedes decir: “Estoy haciendo esto porque es lo que deseo, con quien deseo, en este preciso momento que es el adecuado”, y lo sientes de verdad, estás en paz. Y esa paz te acerca a la  felicidad. ¿Y sabes qué ocurre entonces? Que estás alargando tu vida.

Se dan cambios no solo a nivel emocional, sino también químico y fisiológico. Al cambiar tu mundo emocional, cambia tu biología, cambia tu forma de funcionar por dentro. Un sentimiento de coherencia, repetido en el tiempo, puede sanar
profundamente.
Todas tus  células empiezan a vibrar en la misma frecuencia que esa emoción de paz, felicidad y gozo. Y esa vibración acaba transformándose en un baño de coherencia y amor. Sabemos que la vibración más alta no la produce ni siquiera el amor, si no la coherencia y la autenticidad.

La belleza que no muere

Cuando vibramos en amor, cuando somos auténticas y coherentes, irradiamos una belleza y magnetismo muy especial que nos hace atractivas a cualquier edad. Además sanamos antiguas heridas. Nos convertimos en un polo de atracción natural. Irradiamos belleza. Pero no una belleza superficial. Es la belleza que no muere, la belleza que nace de la conciencia, del «Yo soy».

 

Happy Aging

Happy Aging es un método de abordar la salud, mi método,  y también el libro que lo recoge. Es una propuesta para envejecer feliz, hermosos, sanos, alegres… Es cumplir años con sentido, con plenitud; es  aprender a gestionar nuestra energía, tomar control de nuestra vibración. Porque al fin y al cabo no somos sólo un cuerpo, si no la conciencia que lo habita. Happy Aging!

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